80. Cuñada
Rashel apenas comenzaba a acostumbrarse a la idea de que aquel lugar era su hogar, el que había construido Valerik para ella, donde los hijos de ambos crecerían. Esa mañana, Valerik se había marchado temprano.
Su hermano lo llamó por una misión que no podía posponer y que seguro incluía una advertencia por parte de Dimitry. Su despedida había sido tierna, cargada de promesas murmuradas al oído y una caricia final sobre su vientre.
—Vuelvo pronto, princesa.
Ella había recorrido la casa en busc