8. ¿Tienes algo que decirme?
Los meses siguientes fueron una especie de sueño del que ninguno de los dos quería despertar.
Salían casi todas las noches.
A veces iban a restaurantes escondidos donde nadie los conocía, otras veces simplemente a caminar.
Cuando estaban cerca no podían dejar de tocarse o besarse como dos adolescentes que no podían esperar a llegar a casa. Se quedaban dormidos enredados, despertaban enredados y volvían a hacer el amor como si cada vez fuera la primera y la última.
Zinoviy era siempre caballeroso y cariñoso.
Vasilisa se abrió para él como nunca lo había hecho con nadie.
Le contó cosas que nadie sabía y cada vez que ella le entregaba una parte rota de sí misma, Zinoviy la abrazaba queriendo consolarla.
Él le daba todo menos la verdad, le dio su cuerpo cada noche, sin reservas. Le dio su tiempo, su atención, su risa fácil que solo salía con ella la mimaba con regalos costosos a su gusto, a medida que el tiempo pasaba cada uno se fue aferrando al otro enamorándose irremediablemente