43. Mi niña
Polly se aferró a su brazo de inmediato e ignorando el dolor en la pierna se dirigió a un lugar en específico.
—Sé que no te gusta volver aquí, pero solo serán unos minutos, volveremos a casa pronto cuando tenga lo que quiero —ella apretó su mano antes de soltarlo.
—Quédate cerca de mí.
Polly soltó una risita suave sin escucharlo.
Marco la siguió como una sombra pendiente de cualquier cosa que pudiera intentar lastimarla.
No dejaría que nada lo hiciera.
—Mírate, señor Ricci. Detrás de una chica