36. Él vino
Aleksandr ni siquiera había sospechado que su infierno había comenzado.
Las luces tenues dificultaba que los hombres pudieran ver lo que les daba una ventaja clara sobre ellos.
Dimitry y Valerik disparaban con regularidad pero el último vio el momento exacto en que uno de los hombres se acercaba a Dimitry para herirlo, su arma se quedó sin balas, no había tiempo para recargar. Sacándose un cuchillo corrió y no tardó en matar al cabrón.
Hundió su cuchillo hasta la empuñadura y solo cuando sus ojo