3. Quitándome las ganas
Sus labios ardían después de aquel beso majestuoso que la había dejado temblorosa pero lo que vino a continuación ocasionó que jadeara.
Como había prometido, levantó su vestido hasta las cintura metiendo una pierna entre las suyas, Polly sintió como esa mano grande, viajaba desde su vientre hasta su pelvis surcando los pies de su sexo, sus dedos frutaron su clítoris, y luego recorrieron a lo largo de su raja húmeda, gruñendo de aprobación.
—Tan jodidamente húmeda y solo es un beso, no creo que p