28. ‘Amirati
Zinoviy la llevó hasta el auto blindado sin soltarla ni un segundo, su mano se aferraba a su muñeca como si temiera que se desvaneciera en cualquier momento si aflojaba el agarre.
Vasya no luchó en ese momento porque no tenía fuerzas.
Solo clavó su mirada al frente como si de esta manera su aroma adictivo se desvaneciera al igual que su presencia. Ella apretaba los dientes para mantener la calma.
—Entra —dijo Zinoviy abriendo la puerta del auto para ella y Vasya obedeció.
El trayecto fue sile