24. Regalos para una bailarina
Rashel había hecho caso al consejo de su padre.
Si quería seguir en el baile iba a hacerlo desde Krasnodar, estaba practicando una coreografía difícil para una audición que tenía.
Llevaba horas practicando hasta el cansancio sin rendirse.
Los pies le dolían pero no quería parar.
Cuando ella bailaba por lo general podía apartar de su cabeza cosas que no deberían estar allí.
Pero con Valerik era muy difícil.
Giró sobre la punta de su pie.
—Seis, siete, ocho —contó en voz baja tratando de no pensa