23. Un imbécil muy atractivo
Satarah estaba aún sobre el regazo de Dimitry, él la tenía atrapada entre su cuerpo ya que sus manos estaban sobre el volante acorralándola.
—Después me explicarás por qué te quedaste paralizada cuando te pedí que aceleraras —gruñó él en su oído.
Dimitry aceleró mucho más y giró el auto a la izquierda, enseguida giró una vez más a la derecha entrando por callejones desconocidos a un barrio oscuro.
—¡Dimitry!
Satarah clavó sus uñas en el antebrazo de su esposo sintiendo que su corazón estaba a p