20. Necesitaba hablar con él
—Gian, nosotros…
Ella se movió de prisa sintiendo que un ligero mareo la golpeaba pero fingió estar perfectamente bien.
Él no se movió, ni siquiera parecía enfadado solo profundamente herido. Sus ojos no miraron a Polina, sino que seguían fijos sobre su padre detrás de ella. Su mandíbula estaba apretada, y luego suspiró, pasándose una mano por el pelo.
—¿De verdad tenían que hacer esto en mi maldita casa? —gruñó irritado—. Sabía que algo estaba pasando entre ustedes. Lo sospechaba hace tiempo,