135. Quédate detrás de mí
Gian mantenía los ojos fijos en la carretera mientras apretaba las manos firmemente al volante tratando de ignorar el ambiente denso que estaba a su alrededor cargado de una tensión que sentía en cada uno de sus huesos, trató de inhalar profundo para calmar sus sentidos pero el aroma a vainilla del perfume de Natalya no lo ayudó sino que causó en su cuerpo todo lo contrario.
Apretó la mandíbula intentando mantener la calma pero ya sentía su cuerpo responder ante su embriagador olor.
—Dannazione,