117. Enmendado nuestro errores
Vasilisa sintió la cabeza gruesa de su erección rozando su entrada empapada. Sus manos se apoyaron en los hombros anchos de Zinoviy, clavando las uñas en su carne mientras él la sujetaba por las caderas con fuerza posesiva.
—Mírame —ordenó con voz exigente y posesiva.
Entonces Zinoviy empujó hacia arriba al mismo tiempo que la bajaba sobre él.
Un gemido largo y profundo escapó de la garganta de Vasilisa cuando el grueso miembro la abrió por completo, llenándola hasta el fondo de un solo movimien