118. Quiero un hermanito
Después de que el último estremecimiento de placer los recorriera, Zinoviy besó su frente con una ternura y lentamente se separaron, vistiéndose en silencio, aunque sus miradas seguían cargadas de anhelo.
Vasilisa se ajustó el vestido con las manos todavía temblorosas. Al levantar la vista notó que Zinoviy ya estaba completamente vestido, impecable como siempre, aunque sus ojos verdes brillaban con esa satisfacción oscura que solo ella lograba provocarle.
—¿Lista?
—Hablemos de eso de dejarme em