Ella intentó apartarse, pero Renato fue más rápido y la ayudó a levantarse. El movimiento hizo que sus cuerpos se acercaran en el mismo instante. Incómoda, Sara giró el rostro rápidamente, intentando escapar de aquella cercanía inesperada.
Estar cerca de él la ponía nerviosa. Nunca había estado tan cerca de un hombre como lo estaba al lado de Renato y, además, no podía negar que él era guapo, demasiado atractivo para su propia comodidad. Eso solo aumentaba la vergüenza.
—¿Ya amaneció? —preguntó