Cuando vio el estado en el que se encontraban su esposa y su hijo, Renato no lo pensó dos veces. Se acercó rápidamente, envolviéndolos a ambos en un abrazo, como si quisiera protegerlos de todo lo que los rodeaba. Sus ojos recorrieron a Leo con atención, observando cada detalle, cada reacción del bebé, buscando cualquier señal de que estuviera bien.
—Tranquila… ya pasó —susurró, más para sí mismo que para Sara, mientras apoyaba la mano en la cabecita de su hijo.
Sara aún temblaba, abrazando a L