Renato Salles
Hacía tiempo que llegar a casa ya no se sentía igual.
Siempre fui del tipo que disfrutaba estar solo. Me gustaba el silencio, mi espacio, mis cosas en su lugar. Si miraba bien mi vida de antes, seguía una rutina simple: llegaba a la hacienda, los empleados me atendían, resolvía lo que tenía que resolver y listo. Sin complicaciones. Sin nadie esperándome del otro lado de la puerta.
Pero ahora esa rutina ya no era la misma.
La casa parecía demasiado grande. Cada habitación, demasiad