Como sabía que en ese momento él estaba bien lejos —y aún más con una mujer—, Sara contuvo el llanto y decidió controlarse. Por su bien y por el bien de su hijo.
Si Renato, aun sabiendo que ella estaba a punto de tener al bebé en cualquier momento, prefirió salir y aventurarse por ahí, entonces no había motivo para avisarle de nada.
—El chofer —dijo, recordando de repente. —Renato dejó a su chofer a mi disposición. Llámalo, Odete.
—Está bien. —Odete ya salía de la habitación. —Voy a llamarlo ah