Sin poder creer lo que acababa de escuchar, Sara abrió la boca para hablar, pero ninguna palabra salió. Se quedó mirándolo en silencio, como si intentara entender si aquello era real.
Renato… allí, frente a ella, pidiéndole que se quedara.
Ese mismo hombre que, meses atrás, la había expulsado de su vida sin darle la oportunidad de defenderse… ahora estaba allí, con la mirada suplicante y vulnerable.
Tragó saliva, sintiendo que su corazón latía demasiado rápido.
—Tú… —empezó, pero se detuvo a mi