Desde que salió de la habitación de Renato y regresó al cuarto que solía usar cuando llegó a esa casa, Sara no dejó de llorar.
Una vez más, había sido humillada y juzgada por cosas que nunca hizo.
Saber que Constança la odiaba de esa manera la dejaba sin salida. Y pensar que esa mujer seguiría allí, dentro de esa casa, la dejaba todavía más angustiada.
Porque lo sabía… Constança no escatimaría esfuerzos para hundirla aún más.
Una vez más, sentía el cuerpo dolorido por lo que Constança le había