El ambiente en la mesa del desayuno estaba extraño. Nadie podía negar que Maia era el centro de las atenciones, ya que todos, tarde o temprano, le lanzaban miradas mortales de soslayo. La pobre solo no salió corriendo de allí en ese momento por la presión y la amenaza que Théo le había hecho antes.
—Creo que, como han llegado de viaje hoy, pasarán el día descansando, ¿no es así? —Théo preguntaba a la pareja que estaba en la mesa.
—Bien, no estamos tan cansados así, pero descansaremos aquí. Sin