La sala quedó en silencio después de la confesión de Alejandra.
No era un silencio incómodo, pero tampoco era ligero. Era uno de esos silencios que llegan cuando algo importante acaba de ser dicho, cuando las palabras todavía están flotando en el aire y ambos necesitan tiempo para entenderlas.
Sebastián seguía de pie frente a ella.
Sus ojos no se apartaban del rostro de Alejandra, como si intentara descubrir todas las cosas que no había notado antes.
Cinco meses.
Cinco meses viviendo bajo el mi