La voz de Valeria cayó sobre la noche como una piedra en agua tranquila.
—Vaya… qué escena tan interesante.
Alejandra se giró despacio.
Ahí estaba ella, impecable como siempre, con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. A su lado, ligeramente incómodo, estaba Iván.
Por un segundo nadie habló.
Sebastián fue el primero en reaccionar. Su expresión no cambió demasiado, pero Alejandra notó ese pequeño gesto en su mandíbula cuando apretó los dientes.
—Valeria —dijo con un tono neutro.
Valeria