El silencio que quedó entre ellos no fue incómodo.
Fue devastador.
Porque esta vez…
no había espacio para malentendidos.
No había interpretación.
No había forma de suavizarlo.
La verdad estaba ahí.
Frente a ambos.
Respirando entre los dos.
Y ninguno estaba listo.
Sebastián no apartó la mirada.
No pudo.
Porque si lo hacía…
sentía que iba a perder el control de todo.
—Dime que no es lo que estoy pensando —dijo finalmente.
Su voz no era fría.
No era dura.
Era… contenida.
Como si estuviera sostenie