No era orgullo.
No era costumbre.
Ni siquiera era control.
Era algo más difícil de aceptar.
Sebastián no podía más.
Habían pasado días.
Días sin respuestas.
Sin verla.
Sin saber nada real de ella.
Y lo que más le molestaba…
no era que se hubiera ido.
Era la forma.
Como si fuera fácil.
Como si no hubiera significado nada.
Como si seis meses…
pudieran resumirse en una nota de dos líneas.
“Me fui. Necesitaba espacio. Gracias por todo.”
Sebastián volvió a leer ese mensaje mentalmente.
Por décima ve