El día avanzó más rápido de lo que Alejandra esperaba.
Y eso, por primera vez, no fue algo bueno.
Porque mientras más pasaban las horas… más evidente se volvía algo:
Ya no era solo su mamá observando.
Era todo el mundo.
—Van a venir las vecinas en la tarde —dijo su mamá con total naturalidad mientras organizaba la sala.
Alejandra levantó la mirada de golpe.
—¿Qué?
—Nada del otro mundo. Solo quieren saludarte.
Eso no sonaba peligroso.
Pero lo era.
—Mamá…
—¿Qué?
—No es necesario.
—Claro que sí —r