Sebastián siempre había creído que el control era una forma de protección.
Controlar el tiempo.
Controlar las emociones.
Controlar las distancias.
Eso era lo que lo había mantenido a salvo durante años.
Esa noche, sin embargo, el control comenzó a resquebrajarse.
Alejandra cerró la puerta de su habitación con más fuerza de la necesaria. No fue un portazo, pero tampoco fue suave. Fue un gesto pequeño, cargado de todo lo que no había dicho.
Sebastián permaneció en la sala, de pie, mirando un punt