El silencio no llegó de golpe.
Se instaló poco a poco.
Como todo lo que dolía de verdad.
Al principio, Alejandra pensó que todo estaba bien.
Habían vuelto.
Habían hablado.
Habían “acordado” regresar a lo de antes.
Y durante las primeras horas… parecía funcionar.
Sebastián se encerró en su oficina.
Ella hizo lo mismo y se puso a realizar algunas cosas.
No hubo tensión evidente.
No hubo discusiones.
Solo… orden.
Pero ese orden no era natural.
Era forzado.
Y se empezó a notar.
La primera señal fue