El departamento estaba en silencio.
No ese silencio cómodo que alguna vez habían compartido.
No el que aparecía después de una noche larga o una conversación intensa.
Este era distinto.
Era un silencio que separaba.
Que marcaba límites invisibles.
Que dejaba claro que algo había cambiado… y no para bien.
Alejandra lo sintió desde el momento en que abrió los ojos.
No había ningún sonido en la casa.
Ningún movimiento.
Ninguna señal de que Sebastián estuviera ahí.
Se incorporó lentamente, mirando