Al día siguiente, Giovanni se encontraba en su despacho, su semblante frío mientras miraba al otro lado del escritorio, donde Bellini, su mayordomo de confianza, permanecía de pie. La tensión era palpable en el aire.
—¿Qué tramas? —inquirió Giovanni, sin apartar la mirada de su empleado. —Te pedí una sola cosa, y me fallaste. Dime, ¿todavía sigues creyendo que ella me traiciona? ¿Qué Elena está aliada a su padre?
Bellini bajó los ojos por un momento antes de responder.
—Señor, yo…
—¿Crees que m