El corazón de Giovanni se detuvo un instante cuando miró a Elena en aquel estado. El pequeño no dejaba de llorar.
—¡Elena! —gritó, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda.
Elena estaba allí, apoyada contra el marco de la puerta, con el rostro pálido y una mueca de dolor evidente. La mancha roja se mostraba en su muslo derecho, la sangre empapando lentamente la tela de su pantalón.
—Estoy bien... —murmuró ella, intentando mantener la compostura, aunque su voz temblaba.
Giovanni corrió haci