Un temor profundo se instaló en el pecho de Elena mientras observaba a su esposo. Giovanni seguía sosteniéndole la barbilla, su mano era firme, pero no agresiva. Sin embargo, el peso de su mirada la hacía sentir atrapada, como si no tuviera escapatoria.
—¿No vas a decir nada? ¿Te vas a quedar callada? —la cuestionó Giovanni con tono serio. El silencio que siguió solo aumentaba la tensión en la habitación.
Ella quería responder, pero las palabras se quedaban atrapadas en su garganta. No sabía qu