Mundo de ficçãoIniciar sessãoIsabel estaba sentada en la misma silla cuando entraron a la mañana siguiente.
Las correas no estaban. No hacían falta. Tenía las manos sobre las rodillas, la espalda recta, los ojos mirando hacia la pared del frente con una atención vacía que no era distracción sino ausencia. Como si la dirección de la mirada fuera simplemente el resultado de hacia dónde apunt







