Marcos detuvo el auto frente al ingreso de Ferreira Group. El viaje desde el cuartel había sido corto, pero el silencio dentro del coche pesaba más que la lluvia que azotaba el asfalto. Valentina no había despegado la mirada de la ventana ni una sola vez durante el trayecto, con los dedos entrelazados sobre su falda negra.
—Isabel ya quedó abajo —dijo Marcos, rompiendo el silencio—. Reyes reforzó los candados de la celda y puso a dos hombres de confianza en la entrada. Nadie va a saber que la te