Los archivos del atentado llevaban tres días sin que nadie los tocara.
Valentina los abrió en el cuartel a las ocho de la mañana del cuarto día, con Marcos al otro lado de la mesa y el mapa de la operación de Isabel desplegado en la pared izquierda exactamente como lo había dejado Dante antes de que todo pasara. La sala olía a café viejo y a papel impreso. La luz artificial caía fría sobre las carpetas abiertas, iluminando anotaciones hechas con la letra precisa de Dante.
—Empezamos de cero —di