La mansión estaba en silencio cuando Valentina bajó a las once.
La luz del despacho de Dante llevaba encendida desde las ocho y ella había estado escuchando desde su habitación — la silla moviéndose, los pasos ocasionales, el teléfono que vibraba y se callaba con intervalos demasiado largos para ser trabajo normal. Algo había pasado esa noche y él no había subido a decírselo, lo cual no era inusual. Pero el silencio de Dante tenía texturas distintas dependiendo de qué lo causaba, y esta textura