Faltaban cuatro días para la reunión y Ferreira Group seguía funcionando como si nada estuviera a punto de cambiar.
Eso era exactamente lo que Dante necesitaba.
Llegaron a la empresa a las nueve. Valentina entró con él por la puerta principal con esa manera suya de moverse en cualquier espacio — sin pedir permiso, sin anunciarse, simplemente estando — y los empleados del lobby los siguieron con la mirada con esa deferencia automática que la gente le daba a Dante en cualquier lugar que pisaba. E