Al día siguiente Marcos llegó al cuartel a las ocho con una lista de dieciséis nombres escritos a mano — sin apellidos en algunos casos, sin nombres en otros, solo los identificadores que la gente de ese mundo usaba para referirse a los que mandaban sin tener que decir demasiado. La dejó sobre la mesa de la sala de reuniones y esperó.
Dante la revisó de pie, sin sentarse, con Valentina a su lado que leía por encima de su hombro sin que nadie se lo hubiera pedido y sin que nadie se lo impidiera.