Elena llegó al departamento de su padre un domingo por la tarde.
No era una visita planeada. Ricci la había llamado esa mañana con esa voz que usaba cuando quería algo pero no iba a decirlo directamente, y Elena había aprendido a leer ese tono antes de cumplir los veinte años, así que había dicho que sí y había ido, porque negarse habría generado más conversaciones de las que valía la pena tener.
El departamento era grande, ordenado, con esa frialdad de los espacios que se cuidan pero no se habi