Dante llegó con el desayuno en la cama a las siete y media, lo trajo él mismo, sin delegar en el personal, con la bandeja equilibrada en una mano y esa concentración que ponía en las cosas prácticas cuando había decidido hacerlas bien. Café, tostadas, fruta. Nada elaborado. Pero ahí, puntual, antes de irse al cuartel.
Valentina se incorporó en la cama y lo miró entrar.
—¿Lo preparaste vos?
—El personal lo preparó y yo lo traje. —Dante dejó la bandeja sobre la mesita y se quedó de pie junto a la