En el interior de la camioneta a Valentina le habían vendado los ojos antes de que el vehículo saliera de la calle del centro pero no le habían atado las manos, solo vendado los ojos, lo cual le confirmó dos cosas: que seguían teniendo instrucciones de no lastimarla, y que querían que no supiera hacia dónde la llevaban pero no les importaba que pudiera moverse.
Eso era un error de cálculo de su parte.
Valentina contó los giros. Derecha, izquierda, dos derechas seguidas, una larga recta de lo qu