Victoria entró en aquel sótano oscuro. El interior del lugar se sentía frío, mientras sentía su sangre caliente recorrer su cuerpo. Un hombre con la cara cubierta con un pasamontañas la miró y la saludó con respeto.
—¿Ha dicho algo más? —Victoria preguntó.
El hombre negó con la cabeza y la dejó pasar a la celda. Zoé había estado encerrada en ese calabozo por tres días, la habían dejado sin comer. Solo dándole pequeños tragos de agua para mantener la cuerda.
Su cabello era un desastre. Sus manos