Los días posteriores pasaron mientras Victoria aún se encontraba en aquella cama de hospital. Nadie, excepto el personal médico, pisaba su habitación.
La soledad se convertía en un eco de su desgarradora situación. Las paredes parecían cerrarse sobre Victoria, llevándola a un abismo de tristeza y reflexión.
Mientras su cuerpo se recuperaba, su alma seguía inmersa en la oscuridad de los recuerdos y las palabras hirientes que Oliver le había arrojado.
El tiempo se estiraba en una agonía silencios