Liam abrió los ojos lentamente, con la cabeza pesada y el corazón, latiéndole como si hubiera corrido un maratón. La habitación estaba en penumbra, las cortinas cerradas, y el olor a alcohol impregnaba el aire. Lo primero que vio fue a su padre, Travis, de pie frente a él, observándolo en silencio.
Pero no fue Liam lo que lo dejó sin aliento a Travis: fueron las fotografías desperdigadas por todo el suelo, la alfombra, la cama, incluso sobre su propio pecho.
Fotos de Amara. Su sonrisa tímida, su