Liam tomó la carta con manos temblorosas. La habitación estaba en silencio, un silencio tan profundo que podía escuchar el eco acelerado de su propio corazón. Ese simple sobre blanco, ligeramente arrugado, parecía pesar toneladas. Tragó saliva, temiendo lo que iba a leer, pero al mismo tiempo ansiándolo con desesperación. La abrió con cuidado, como si dentro estuviera guardada la última parte de él que todavía latía.
Respiró hondo y comenzó a leer.
“Liam:
Perdóname por haberte lastimado. Estoy tan cansada de pedir perdón y sentir que nunca será suficiente.
Fue mi error. Me guie por palabras de un tramposo, y caí en mi propia perdición. Estar a su lado me hizo recordar lo peor de mí, me hizo creer que no valía nada… y te herí.
Ahora todo es tan diferente. Sé que no podrás perdonarme, pero te amo. Siempre te amé, incluso cuando estaba ciega.
Si pudiera volver atrás… ¡Pero es imposible!
Si existe una forma de llegar a ti, de volver a tu corazón… haría lo que fuera. Incluso quedarme