Beatriz lanzó un grito desgarrador justo en el instante en que alguien le arrebató la pistola de las manos. El disparo salió disparado hacia el cielo, rebotando en la inmensidad como un estruendo que hizo enmudecer a todos los invitados. Por un segundo, reinó el caos: murmullos, gritos ahogados, manos cubriéndose el rostro… y en medio de todo, Beatriz, con los ojos desorbitados y el cabello revuelto, respirando como si hubiese corrido un maratón.
—¡Estás loca! —rugió Andrew, todavía con el pulso