Tres meses después
El sonido del monitor del ultrasonido llenaba la habitación blanca del hospital.
Glory estaba recostada en la camilla, con el vientre redondeado bajo la suave luz del mediodía.
Connor estaba a su lado, sujetándole la mano con nerviosismo, mientras el doctor movía el transductor sobre su abdomen. Ambos contenían la respiración, esperando ese momento tan esperado.
El médico, con una sonrisa amable, giró la pantalla hacia ellos.
—Aquí está… —dijo señalando la figura diminuta—. Todo está perfecto. Y… —sus ojos se iluminaron— será una niña.
Connor parpadeó sorprendido, como si las palabras no terminaran de asentarse.
—¿Una niña? —repitió en un susurro, antes de sonreír con emoción. Su voz se quebró—. ¡Una niña!
Glory también sonrió, sintiendo que el corazón le latía tan fuerte que casi dolía. En la pantalla, su pequeña se movía, como un milagro danzando en sombras. Connor le besó la frente, con lágrimas en los ojos.
—Gracias —le dijo en un murmullo—. Gracias por darme lo