Un mes después.
Glory y Connor se casaron seis meses después de aquel compromiso que cambió sus vidas.
La ceremonia fue íntima, delicada, llena de flores blancas y promesas que parecían flotar entre los rayos del atardecer.
Sídney y Travis fueron los padrinos, orgullosos de acompañarlos en aquel día tan especial.
La familia de Connor viajó desde lejos para presenciar el momento.
Su abuelo, un hombre de carácter firme y de gran fortuna, se mostró más emocionado que nunca.
Al ver a su nieto convertido por fin en un hombre de familia, lo abrazó y lo declaró, junto a su hija recién nacida, como los nuevos herederos de su empresa.
Connor se quedó sin palabras, comprendiendo que ese gesto no solo representaba confianza, sino también redención.
Mientras tanto, Sídney y Travis vivían su propio renacer.
Después de todo lo que habían pasado, comprendieron que la verdadera fuerza del amor estaba en la unión y en el perdón.
Decidieron fusionar sus empresas; la petrolera Mayer y la compañía Lygton