Amelia se apretó el borde de la falda con las uñas, enterrándolas con fuerza en la fina tela oscura para obligarse a mantener la compostura. Mientras caminaba por el pasillo directo a la oficina de Alessandro, sentía que su corazón latía deprisa, demasiado rápido para su propio gusto, golpeando contra sus costillas con una fuerza incontrolable. Se detuvo un instante frente a la entrada, respiró hondo y tocó con suavidad la superficie de madera maciza. A los cinco segundos exactos, escuchó la vo