Amelia subió la mirada con suavidad, clavando por última vez sus ojos en los de Alessandro, y se dio la vuelta de inmediato para salir de la sala de conferencias con paso rápido y decidido. Sentía los rostros de los socios minoritarios sobre su espalda, pero no le importó en absoluto. ¡Mil veces imbécil! ¿Quién demonios se creía él para insinuarle esas cosas tan bajas frente a la junta directiva? La rabia le encendía las mejillas mientras avanzaba por el pasillo de la empresa. Caminó directamen