Amelia sintió cómo sus pantis se empaparon enseguida. Algo viscoso y pegajoso se impregnó en la fina tela interior en el mismo momento en que el corazón le subió a la garganta, latiendo con una fuerza tan desmedida que casi le impedía respirar con normalidad. La cercanía del cuerpo de su exesposo y la osadía de sus palabras habían provocado un colapso en sus defensas.
—¿Qué te pasa? ¿Cómo crees que yo podría ser tu amante? —le preguntó ella con la voz entrecortada, reuniendo las fuerzas que le