Seis meses después.
—Señor, el desayuno está servido —dijo la asistente que había contratado al llegar a Rusia.
Alessandro asintió con la cabeza en un gesto mudo, sin desviar la atención de la rutina que estaba por concluir. Tenía el cuerpo completamente empapado de sudor, gracias al esfuerzo físico desmedido que estaba haciendo mientras levantaba las pesas, una carga pesada que utilizaba diariamente para agotar sus músculos y apagar el ruido constante de sus propios pensamientos. Dejó las manc